A ritmo y contraritmo de la sinfonía de la urbe

 

A ritmo y contraritmo de la sinfonía urbana

Por Alex Mariscal 





    En esta pieza, titulada Étude No. 1, de Jason Martin, hay tres elementos que se integran para brindarnos una experiencia sensorial intensa. En primer lugar, la música propia de la estación del metro, la de la composición musical y el performance del bailarín, que cierra el triángulo. 
    Ciertamente, en esta estación del metro por la que transitan centenares de seres humanos, a las 5:00 p.m. de la tarde, se crea, por la música de los autos y sus bocinas, los pasos y las voces de la gente, y el eco del metal y el cemento, una estereofónica y envolvente banda sonora. En segundo lugar, la composición musical de Jonathan Coulet, que se ensambla con la anterior, contribuye a crear una atmósfera de aislamiento. 
    En efecto, la música de Coulet, que semeja la estática eléctrica y percusión metálica, martilla continuamente sobre los sonidos estridentes del ambiente, creando desacuerdos que generan en el espectador sensorialidades asociadas al abandono, la confusión y el desequilibrio. Este fue mi caso. Me refirió a esa sensación de estar en medio de una ciudad llena de gente, pero sintiéndome extraño, perdido y atemorizado. 
    Sobre esos dos elementos, la música del ambiente y la composición, se integra el bailarín Jason Martin con un acto performático que completa la triangulación de este número dancístico que se presentó hoy 9 de octubre en la estación del Metro en San Miguelito dentro del programa de Prisma --Festival Internacional de Danza Contemporánea 2025. 
    La dinámica del bailarín es sencilla, pero profundiza la evolución de sus posibilidades de movimiento en cada repetición. Cada frase inicia en un relajado y orgánico equilibrio que evoluciona hacia la desintegración, hacia el vacío. En estas reiteraciones va creando variantes, mismas que van acentuando la dialéctica entre sonido, sensorialidad y dinámica del cuerpo. De hecho, el movimiento se constituye en eje central de la construcción de un sentido que, en mi caso, me remitió a la sensación que he experimentado cuando he andado entre una multitud en una ciudad desconocida. 
    En este sentido, la triangulación de música ambiental, la composición de Coulet y el despliegue del cuerpo erotizado de Jason Martin se integraron para invitar a escuchar, entre el ruido estruendoso de la ciudad, la voz, a veces, angustiosa y confusa, del individuo enfrentado a la lucha diaria de la sobrevivencia. Es decir, a confrontar al espectador sobre la condición del individuo y su interacción con el mundo, entre multitud y soledad, entre sonoridades y silencio, entre abandono y resistencia. 
     Desde otra perspectiva, la ejecución, la relación de movimiento, la energía, la sensorialidad del bailarín, integrada con la metálica y electrizada, la estridente y empecinada sonoridad ambas sonoridades, invita a escuchar, dentro de la atmósfera de contaminación ambiental de cláxones, troneras y trenes, la voz del otro ser humano. 
    En síntesis, el Estudio No. 1, de Martin, enfatiza el logro de una conexión física completa y sensible que investiga el cuerpo como vehículo de transformación emocional e invita a reflexionar sobre la condición de ser en el tiempo y en el espacio: el reto de reconstruirse y transformarse al ritmo o a contratiempo de la sinfonía de la urbe.

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